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El 20 de diciembre el Prof. Luis Fernando Sosa junto a los  alumnos Daiana Aylen y Herrera Alexis Ivan Chorolque, de 7mo año de la Escuela N° 86 Hipólito Yrigoyen de la ciudad de la Quiaca, participaron de la Muestra de Trabajos Seleccionados, edición 2016, de Feria Nacional de Educación, Artes, Ciencias y Tecnología, en instalaciones de la Casa Rosada en la ciudad autónoma de Buenos Aires.

En el marco de la entrega del Premio de Investigador de la Nación, el trabajo “Aliment Sec 86”, destacado en la Feria Nacional realizada la ciudad de Córdoba, expuso junto a otros catorce trabajos del país en la Casa Rosada, con la presencia del Presidente de la Nación, Ing. Mauricio Macri y del Ministro de Educación y Deportes de la Nación, Lic. Esteban Bullrich.

El propósito del proyecto plantea la elaboración de un artefacto que acelere los tiempos del deshidratado de alimentos, el cual beneficie tanto a productores como comerciantes de frutas, hortalizas y cárnicos, como así también a los pobladores comunes.

Al terminar la jornada, los estudiantes jujeños realizaron un recorrido en instalaciones del Consejo Nacional de Investigaciones

Científicas y Técnicas (CONICET) observando  los diferentes juegos en animación, y diferentes temáticas en lo que respecta a científicos, como así también un pequeño recorrido por la ciudad.

El Prof. Sosa expresó su agradecimiento a las diferentes autoridades por el apoyo constante, y por esta oportunidad, con la convicción  de  trasladar la vivencia a los colegas de las diferentes áreas para poder comenzar a  trabajar en forma conjunta en el ciclo lectivo 2017, como así también destaco la experiencia  de sus  alumnos, los cuales estuvieron expectantes por la posibilidad de esta  oportunidad de compartir con alumnos de otras provincias, proyectando a continuar la participación en Feria de Ciencias para el año entrante en el nivel secundario

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El jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Peña y el ministro de Ciencia, Lino Barañao, entregaron los premios Houssay, Houssay Trayectoria y Jorge Sábato a nueve investigadores por la labor en el sector científico tecnológico; la Dra. Noemí Zaritzky fue elegida como Investigadora de la Nación 2015.

El jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Peñajunto al ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Dr. Lino Barañao, entregó la Distinción Investigadora de la Nación 2015 a la Dra. Noemí Zaritzky, quien también recibió el premio Houssay Trayectoria en la categoría Ingeniería, Arquitectura e Informática por el trabajo en ingeniería de alimentos, con desarrollos que se han plasmado en cinco patentes, tres desarrollos de software y 70 acciones de servicios, asesoramiento y transferencia al sector productivo. El acto se realizó en el Salón Blanco de la Casa Rosada y también estuvieron presentes los chicos participantes de la Feria Nacional de Educación, Artes, Ciencias y Tecnología 2016 organizada por el Ministerio de Educación y Deportes de la Nación.

La Distinción Investigador/a de la Nación premia, desde el año 2009, la labor de los profesionales más sobresalientes del sistema científico nacional.

Durante el acto, el ministro Barañao se refirió al evento como uno de los más importantes del año “que consiste en reconocer a aquellos investigadores que se han destacado en su tarea científica”. “Tenemos un Ministerio que está al servicio del desarrollo económico y social del país y el sistema científico es el único que puede brindarnos un futuro digno. Es en la ciencia donde hay posibilidades de movilidad social ascendente, por esto tenemos que garantizar la igualdad de oportunidades a través de la educación y la posibilidad de convertir al conocimiento en mejoras en la calidad de vida de la población”, afirmó en relación al rol de la ciencia para el crecimiento del país. “Este premio demuestra el compromiso que tenemos de apoyarnos en los investigadores para lograr un país mejor”, concluyó Barañao.

La Distinción Investigador/a de la Nación premia, desde el año 2009, la labor de los profesionales más sobresalientes del sistema científico nacional. El ganador se elige entre quienes reciben el premio Houssay Trayectoria y distingue el recorrido académico de un científico y el valor que representa el trabajo de investigación para el desarrollo argentino.

La Dra. Noemí Zaritzky es Ingeniera Química de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y doctora en Ciencias Químicas por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (FCEyN – UBA); es profesora titular en el departamento de Ingeniería Química de la UNLP e investigadora superior del CONICET. Realiza investigaciones en ingeniería de alimentos que están orientadas a la optimización de procesos de transferencia de energía y materia y tienen como objetivo mejorar la calidad de vida de las personas desarrollando alimentos más sanos y de mayor calidad, a través de la transferencia de conocimiento al sector industrial.

Zaritzky inició la carrera como investigadora en el Centro de Investigación y Desarrollo en Criotecnología de Alimentos (CIDCA), instituto que dirigió desde el 2003 hasta mediados del año en curso; publicó 250 artículos en revistas internacionales y más de 40 capítulos de libros; hace 46 años que se desempeña como docente en la UNLP y desarrolló una extensa labor de formación de recursos humanos dirigiendo y codirigiendo más de 30 tesis doctorales.

Junto a Noemí Zaritzky, otros tres científicos fueron reconocidos con el “Premio Houssay Trayectoria”: El doctor Ricardo Esteban Gurtler por la labor destacada en los campos de la ecología y la epidemiología a través de investigaciones centradas en el control de enfermedades transmitidas por insectos vectores, como Chagas y Dengue; el doctor Luis Antonio Spalletti, por trabajos vinculados con cuencas sedimentarias de todo el país, en especial la evolución sedimentaria de la Cuenca Neuquina; y el doctor Jorge Eugenio Dotti, con una destacada labor formativa en la generación de recursos humanos y una reconocida producción científica sobre filosofía política, en la que abundan artículos publicados en revistas nacionales e internacionales de gran prestigio.

Por su parte, los “Premios Houssay” fueron para cuatro investigadores: La doctora Paula Casati, por contribuir con la mejora de los rendimientos de cultivos agrícolas, a partir de estudios de fisiología y metabolismo de plantas, que resultan de gran relevancia económica; el doctor César Bertucci, quien desarrolló diversas investigaciones relacionadas con plasmas planetarios; fue líder de grupos de trabajo de NASA y de la ESA vinculados con misiones planetarias, y en los últimos años trabajó en  interacciones de los campos magnéticos de Titán con Saturno y el Sol; el doctor Ezequiel Adamovsky, por la producción en el campo de la historia europea de gran repercusión internacional, y el enfoque en los aspectos étnicos y raciales de las identidades de clase; y la doctora Vera Alejandra Álvarez, por una prolífica producción científica centrada en el estudio de materiales compuestos de matriz polimérica.

Por último, el doctor Hugo Gramajo (áreas Ciencias Biológicas, Agrarias y Veterinaria) fue el ganador del “Premio Jorge Sabato”, por sus estudios sobre el uso de bacterias y levaduras para producir lípidos de forma sustentable, de utilidad en la industria cosmética y farmacéutica y también, potencialmente como biocombustibles.

Los ganadores de todas las categorías fueron seleccionados por comisiones de evaluación para cada área de conocimiento integradas por miembros de reconocida trayectoria, y como última instancia, por una comisión de la distinción conformada por los titulares de las carteras nacionales de Ciencia, Dr. Lino Barañao; de Educación y Deportes, Lic. Esteban Bullrich; y por el responsable del Programa Nacional de Popularización de la Ciencia y la Innovación, Dr. Diego Golombek.

La Distinción Investigador/a de la Nación premia a través del Premio Houssay, Houssay Trayectoria y Jorge Sábato a aquellos científicos y científicas que contribuyeron a lo largo de la carrera a la producción de nuevos conocimientos, a desarrollar innovaciones tecnológicas de impacto social y productivo y a promover la transferencia de conocimiento y la formación de recursos humanos. El ganador de la máxima distinción se elige entre quienes reciben el Premio Houssay Trayectoria y distingue el recorrido académico del científico y el valor que representa el trabajo de investigación para el desarrollo argentino.

12    Cine y ciencia

Manuel Moreno Lupiáñez

¿Qué imagen da el cine de la ciencia y la tecnología? ¿Sirve este género como medio eficaz de divulgación de conocimiento? Salvo honrosas excepciones, el cine está lejos de mostrar una ciencia acorde con la realidad. La imagen del científico que llega a través de las películas, los supuestos teóricos, los laboratorios e ingenios corresponden a un amplio abanico de estereotipos alejados de lo cotidiano. ¿Es necesario que el rigor esté reñido con el entretenimiento?

De los seiscientos mil millones de habitantes de este planeta, han tenido que escogerme precisamente a mí.» Harry S. Stamper (Bruce Willis) en Armageddon (1998)

Cine y ciencia, ¿incompatibles?

 «El cine se alimenta de ficciones, la ciencia de realidades», apunta el crítico francés J. Jouhaneau (Martinet, 1994). Sin embargo, el cine también se nutre de la realidad y la ciencia necesita la imaginación para avanzar. No se trata, pues, de mundos incompatibles. Por un lado, el cine ha sido un instrumento útil en manos de los científicos: filmación de intervenciones quirúrgicas, ataques epilépticos, etc., como documento de estudio. Por otro, es un vehículo para la divulgación de la ciencia. Sería el caso del cine científico que, con los documentales sobre la fauna y flora, vidas de científicos y actualidad tecnológica han dado lugar, incluso, a canales temáticos de televisión.

Además, el cine va de la mano del progreso científico. Tal como puede observarse, a título de ejemplo, con el paso del cine mudo a las modernas técnicas de sonido, como el THX, bien patentes en las salas de proyección. Así, un género como la comedia musical tiene hitos en filmes como El cantor de jazz (1927, A. Crosland),1 que supone la aparición del sonoro; El mago de Oz (1939, V. Fleming), con la introducción del color y West Side History (1961, J. Robbins, R. Wise), con la aparición del cinemascope. El cine en casa (home cinema); la tecnología digital, con filmes pioneros como Vidocq (2001, Pitof) y La amenaza fantasma (Star Wars II) (2001, S. Spielberg); las técnicas informáticas que han hecho posible el cine de animación, como la pionera Tron (1982, S. Lisberger) y las recientes Toy Story (1995, J. Lasseter), HormigaZ (1998, E. Darnell) y Final Fantasy (2001, H. Sakaguchi), son otras tantas innovaciones tecnológicas que se han visto rápidamente asimiladas por la industria cinematográfica. Y todo ello, sin contar con los notables efectos especiales que, para muchos espectadores, constituyen el ingrediente esencial de esa máquina de generar sueños que sigue siendo el cine.

Pero el cine no es sólo un instrumento de transmisión del saber científico. Ni tan sólo un mero producto de la tecnociencia. Es, también, y sobre todo, un medio de expresión, con sus normas, leyes y lenguaje propio. Lo cual, como veremos, parece dotar a guionistas y directores de cierta patente de corso para presentar, a menudo, una imagen de la ciencia que en nada se corresponde con la realidad.

Cómo el cine presenta y (mal)trata a la ciencia

Un repaso a los diferentes géneros y subgéneros cinematográficos puede ayudarnos a ver su conexión (o desconexión, sería más adecuado) con la ciencia. Para empezar, el cine histórico, representado por los peplum, western y películas de guerra, en general, no destaca, precisamente, por su fidelidad histórica. Grandes producciones actuales premiadas, como Gladiator (2000, R. Scott) siguen incurriendo en errores, ucronías, falsedades históricas, cuando no, en la más pura tergiversación interesada, que causarían sonrojo a cualquier estudiante avispado de secundaria. En comparación, el Espartaco (1960, S. Kubrick) resulta bastante más fiel a la verdad histórica. Puede decirse, que el marco histórico no pasa de ser un decorado exótico donde se desarrolla la acción.

Las biografías de científicos (bio-pics) constituyen también un campo al que se recurre en tiempos de escasez de héroes e ídolos de la ficción. Ahí están, por ejemplo, las narraciones noveladas de las vidas de científicos famosos: Madame Curie (1944, M. Le Roy), Freud, pasión secreta (1962, J. Huston). O la más reciente, Una mente maravillosa (2001, R. Howard), acerca de la vida del matemático J. F. Nash, premio Nobel de Economía, donde se ha eliminado la parte más escabrosa de su azarosa vida. Predomina el relato épico, donde se describe el ascenso del personaje con especial énfasis en el individualismo. Es la entronización del hombre que se ha hecho a sí mismo (self made man ), típico de la ideología capitalista.

En cambio, en el campo de la antropología, podemos encontrar obras significativas. Gracias, quizás, al asesoramiento de antropólogos y entendidos, existen filmes que, sin renunciar a las dosis de imaginación y las peculiaridades del medio cinematográfico, son de notable factura. Sería el caso de En busca del fuego (1981, J.-J. Annaud), donde el conocido antropólogo D. Morris es el responsable de la creación de un lenguaje gutural y gestual plausible. Y El pequeño salvaje (1969, F. Truffaut) o Gorilas en la niebla (1988, M. Apted).

Sin lugar a dudas, es en el género de ciencia ficción2 donde confluyen, por lo menos aparentemente, ciencia y cine. No en vano, como el propio cine, se trata de un género narrativo moderno y como éste está estrechamente vinculado con la tecnociencia. Veamos, a continuación, algunos de los temas más comunes con ejemplos de filmes emblemáticos.

  1. a)      El peligro tecnológico. No es exclusivo de la ciencia ficción, aunque aquí es donde más abunda:

–    El hotel eléctrico (1908, S. de Chomón). Alerta sobre el mal uso de una tecnología incipiente: la electricidad.

–    Tiempos modernos (1935, Ch. Chaplin). Crítica amarga y desconfianza en el progreso.

–    Mi tío (1958, J.Tati). Una visión simpática pero crítica acerca del avance tecnológico.

–    Naves misteriosas (D. Trumbull, 1972). Uno de los primeros filmes sobre ecologismo militante trasladado a un entorno espacial.

–    El síndrome de China (J. Bridges, 1979). Film denuncia sobre los peligros de las centrales nucleares.

  1. b)      El cine de catásfrofes (disaster movies). Siempre ha existido, pero como subgénero nace con Aeropuerto(1970, G. Seaton). Se puede dividir, a su vez, en función de su origen:

–    naturales: Terremoto (1974, M. Robson); El coloso en llamas (1974, J. Guillermin); Twister (1996, J. de Bont); Volcano (1997, M. Jackaon); Un pueblo llamado Dante’s Peak (1997, R. Donaldson).

–    artificiales: El puente de Cassandra (1977, G. Pan Cosmatos); El día después (1983, N. Meyer); Lluvia negra (1989, K. Ame); Estallido (1994,W. Petersen); Titanic (1997, J. Cameron).

–     amenaza del exterior:

  • Meteoro(1979, R. Neame); Armageddon (1998, M. Bay); Deep Impact (1998, M. Leder).
  • invasiones extraterrestres: La amenaza de Andrómeda (1971, R. Wise);Mars attacks! (1996, T. Burton); Independece Day (1996, R. Emmerich).

El requisito imprescindible es la existencia de supervivientes que logran finalmente salvarse gracias al uso de la intuición (y la suerte) y la cabezonería del líder. En general, la ciencia alerta o previene de la inminencia de la catástrofe (natural) pero nada puede hacer y, en algunos casos, es su causa (virus; contaminación radiactiva). En suma, la ciencia o no sirve o puede resultar peligrosa.

  1. c)      Utopías y distopías. Dan más juegolas visiones apocalípticas del futuro:
  • Dictaduras tecnocráticas: THX 1138(1970, G. Lucas); 1984 (1984, M. Radford); Brazil(1985, T.  Gilliam).
  • Hecatombe (nuclear, III Guerra mundial) que diezma a la humanidad y conlleva un retorno a la vida primitiva (o casi): Mad Max(1979, G. Miller); Waterworld (1995, K. Costner).
  • Superpoblación. Actualmente, en desuso pero argumento popular en los años 70. Soluciones radicales: Soylent Green. Cuando el destino nos alcance (1973, R. Fleischer): la eutanasia obligatoria entra en la cadena alimenticia;La fuga de Logan (1976, M. Anderson): eutanasia forzosa.
  • Mundos virtuales y otros.

–      Más siniestros que maravillosos: Tron (1982); El cortador de césped (1992, B. Leonard); Virtuosity (1995, B. Leonard); Johnny Mnemonic (1995, R. Longo).

–      La televisión en directo: La décima víctima (E. Petri, 1965); La muerte en directo (1979, B. Tavernier); El show de Truman (1998, P. Weir).

  • Robots (androides). Versión moderna de la larga tradición de criaturas creadas a imagen y semejanza del hombre.

–    Miedo ancestral a un futuro dominado por las máquinas no superado: Terminator (1984, J. Cameron), Matrix (1999, A. y L. Wachowski).

–    Esclavo mecánico que se rebela: Almas de metal (1973, M. Chichton); Cortocircuito(1986, J. Badham); Juegos de guerra (1983, J. Badham): programa informático rebelde.

–    Sentimientos: Blade Runner (1982, R. Scott); El hombre del bicentenario (1999, Ch. Columbus).

En el cine, el robot aparece, casi siempre, como amenazador y peligroso. Por el contrario, en la literatura predomina la confianza absoluta en sus posibilidades y la colaboración con los humanos, producto, quizás, de la influencia de las Leyes de la robótica, introducidas por Asimov (1941).

En resumen, la tecnociencia está presente pero no es más que un instrumento para el control de las masas o individuos y su uso tiene un componente marcadamente malévolo.

 El caso del electromagnetismo

Un ejemplo del tratamiento cinematográfico de un campo tecnocientífico emergente, lo encontramos en el electromagnetismo y sus aplicaciones. El nacimiento del cine (finales siglo XIX) coincide con la popularización del uso y aplicaciones de la energía eléctrica y magnética. La electricidad y el magnetismo se convierten en protagonistas de muchos filmes de la primera etapa del cine. Así, puede hablarse incluso de un subgénero: fantasías eléctricas. Con un tratamiento entre ingenuo y satírico del progreso que la energía eléctrica representa, se producen multitud de películas de títulos harto elocuentes: La Ceinture Electrique (1907); The Electric Policeman (1909); The Electric Vitaliser (1910); La Cuisine Magnetique (1907); The Magnetic Squirt (1909); The Wonderful Electro-Magnet (1909).

Cuando los electrodomésticos y todas las aplicaciones prácticas del electromagnetismo (iluminación, etc.) se convierten en algo común, se asiste a una pérdida de protagonismo como fundamento de tecnologías del futuro, en favor de otros campos como la física cuántica o atómica. Lo cotidiano deja de resultar fascinante. A partir de los años 20, son contados los filmes donde la presencia del electromagnetismo es relevante.3 ¿No estamos asistiendo, en la actualidad, a una efervescencia similar en el dominio de la bioingeniería?

De Fausto a Frankenstein: la imagen del científico4

La imagen popular de la ciencia, de los científicos y del entorno donde realizan su actividad (laboratorios) se nutre de los mitos creados por la ficción, reflejo, a su vez, de las prevenciones y recelos que la actividad científica suscita (Skal, 1998; José, 2000). No debe extrañar, la existencia de una serie de clichés establecidos a los que guionistas y escritores poco escrupulosos recurren cuando desean incluir en sus creaciones científicos y laboratorios.

La percepción por parte de la sociedad de la figura del científico y de su actividad debe más a los míticos Frankenstein, Moreau o Jekyll y a los actores que los han encarnado en el cine (Clive, Laughton o Barrymore) que a los reales. Unos arquetipos que han permanecido prácticamente invariables y que muy poco, o nada, tienen que ver ya con la actividad científica real. Aunque los grupos de investigadores, que desarrollan su actividad en instalaciones específicas, han desplazado esa imagen del científico solitario que trabaja en el laboratorio del sótano de su casa, es ésta última representación la que sigue perviviendo en el imaginario popular.

Las encuestas realizadas acerca de cómo son vistos los científicos por diferentes colectivos (Meads, 1957; Hills, 1975), arrojan las mismas conclusiones. Los científicos serían:

– exclusivamente hombres,

– maduros o mayores,

– calvos o con cabellos a lo Einstein,

– trabajan aislados en laboratorios apartados, en temas secretos o peligrosos.

Unos rasgos que apenas han variado un ápice la visión que se tenía en el siglo XVII, cuando, de la mano de Galileo y Newton, nace la ciencia moderna. A pesar del tiempo transcurrido, los resultados de las encuestas citadas y la acerada sátira de Swift (véase la descripción de este colectivo, «siempre en las nubes», habitante de la isla volante de Laputa, en los Viajes de Gulliver, 1726), parecen seguir vigentes en el imaginario popular. Cuando no está loco, que es lo más habitual, el científico es despistado, torpe, olvidadizo y, algunas veces, las menos, hasta simpático… Así es como la ficción nos lo presenta. 

El científico como creador de problemas

Es curioso constar que el personaje del científico loco (mad scientist) aparece en más filmes de terror que otros personajes característicos como zombishombres-lobo o momias juntos(Tudor, 1989). Además de su presencia como elemento perturbador o generador de problemas, su habilidad para afrontar y resolver los mismos parece ir de mal en peor. Un repaso a las apariciones más emblemáticas de científicos en la escena cinematográfica avala esta afirmación y dan por buena la frase del crítico cinematográfico J. Palacios: «El único doctor bueno es el doctor loco. Al menos en el cine» (García, 1997).

Durante la década de 1950 (época dorada de las películas de ciencia ficción donde la profusión de científicos es notable) y parte de la década de 1960, la ciencia ha perdido ya su inocencia (las bombas atómicas marcan un cambio de actitud hacia la ciencia). La ciencia es peligrosa, pero en última instancia el científico aparece como salvador de la humanidad. Éste, en su afán por saber, puede llegar a crear monstruos, sustancias peligrosas o artilugios diabólicos pero su ayuda resulta decisiva para conjurar la amenaza. En el filme La humanidad en peligro (1954, G. Douglas), las pruebas nucleares han producido una especie de hormigas gigantes. La habilidad de los científicos (un anciano profesor –Dr. Harold Medford– y su hija bióloga) permitirá acabar finalmente con el peligro.

En cambio, desde hace algunos años, se vive una devaluación del papel del científico como experto. La ciencia parece no sólo incapaz de resolver los problemas sino que, a menudo, se convierte en un obstáculo. Aparece tan devaluada como el escepticismo En filmes sobre fenómenos paranormales siempre surge algún científico o mente racional que duda de estos fenómenos. Y pone el peligro a los protagonistas que acaban rechazando este punto de vista. Por ejemplo, en El ente (1981), el psiquiatra que trata a la protagonista acosada por las «visitas» de una extraña «entidad», se niega a aceptar la evidencia de las fuerzas sobrenaturales. La protagonista sufre pero aquel se muestra intransigente. Hasta que un grupo de parapsicólogos llega a tiempo. Conclusión: el científico y la ciencia resultan del todo ineficaces y los pseudocientíficos son quienes acaban con las amenazas, sean sobrenaturales o de otro tipo.

La popular serie de TV Expediente X (1992-…, Ch. Carter) ahonda también en esta idea y hace un flaco favor para mejorar la percepción por parte del público de la ciencia. Con una puesta en escena brillante y un estilo documental, que refuerza el supuesto origen real de los casos narrados, presenta un mundo donde los acontecimientos fantásticos (abducciones, telepatía, etc.) son reales y son ocultados por los gobiernos a la mayoría de la población. La serie bordea los límites de lo que la ciencia conoce en campos como la biología pero se salta olímpicamente la máxima de que la falta de una explicación científica no significa que no exista una explicación. El terreno está abonado para la irrupción de la pseudociencia: lo paranormal se convierte en real.

Frente a la protagonista, la detective del FBI Dana Scully, representante de la ciencia oficial (mentalidad cerrada, poco dada a variar su opinión una vez formada) se alza su compañero Fox Mulder. Es el creyente oficial, abierto siempre a la posibilidad de que las fuerzas paranormales expliquen los fenómenos investigados. A pesar de emplear una metodología de investigación rigurosa, el caso, una vez resuelto, deja invariablemente un resquicio abierto por donde la explicación racional se diluye.

A modo de conclusión

La imagen que de la tecnociencia da el cine resulta poco alentadora. La tecnociencia es abstrusa, algo sólo para iniciados, aunque se recurre a ella en busca de reconocimiento. La ciencia oficial, y sus representantes, los científicos son dogmáticos e intransigentes y se muestran obcecados en negar las evidencias que pseudocientíficos de toda ralea (con la complacencia de directores y guionistas) se encargan de mostrar. Además, los laboratorios, aparatos, dispositivos y ordenadores que rodean la labor científica en la ficción cinematográfica cumplen la regla no escrita siguiente:

El grado de sofisticación o complejidad es proporcional al número de botones, luces, rayos, etc. y tamaño del dispositivo en cuestión.

 

¿No se han enterado los guionistas de la miniaturización, de la reducción del consumo energético, etc.?

Así, la tecnociencia es continuamente vapuleada. Los errores de bulto son moneda corriente, incluso en los filmes actuales. Batallas siderales adornadas con explosiones (el sonido no se transmite en el espacio), manejo de naves espaciales como vehículos terrestres, armas láser visibles (la radiación láser es invisible), gravedad siempre igual a la terrestre (incluso en una nave), ordenadores enormes, choques, carreras y giros inverosímiles (que se saltan a la torera las leyes de la física más elemental), comunicaciones interestelares instantáneas (las ondas electromagnéticas se desplazan a una velocidad formidable, la de la luz, pero finita), etc. Incluso, en afamadas sagas como Star Wars pese a la omnipresencia de la tecnología más avanzada, se recurre, en los casos límite, … ¡a la fuerza! ¿Habrá que definir una nueva unidad de medida, el número de errores científicos por segundo, para valorar la calidad de un filme?

Salvo contadas y honrosas excepciones (como, entre otras, 2001: Una odisea del espacio, 1968, S. Kubrick), el cine hace un flaco favor al método científico y al modo en que se trabaja en ciencia. Y da alas al avance del pseudocientifismo. El cine requiere concesiones para explicar una historia, incluso la complicidad del espectador, pero la rigurosidad no está reñida con el entretenimiento. Un ejemplo menor, pero interesante: un artilugio como el bat-gancho del que va provisto el fantástico bat-móvil, el vehículo de un superhéroe como Batman, le permite tomar curvas a gran velocidad. Algo verosímil aunque sea en el mundo imaginario de Gotham City. Otro ejemplo, la serie de TV CSI (Crime Scene Investigation)(2002,  J. Bruckheimer) es una excelente contrapartida a la perniciosa Expediente X: unos esforzados investigadores judiciales (incluidas minorías tradicionalmente marginadas: mujeres, otras razas además de la blanca) trabajan (en grupo) empleando las técnicas más modernas para resolver complicados casos criminales. ¿Gotas de agua en un inmenso océano de irracionalidad y acientifismo? ¿Una pequeña llama en la oscuridad, como poéticamente señalaba C. Sagan al referirse a la ciencia? En cualquier caso, el cine, con sus aciertos (escasos) y meteduras de pata (las más), es una muy buena herramienta para la divulgación de la tecnociencia (el error sirve para despertar el espíritu crítico) y para permitir la reflexión en torno a ella (algo de lo que andamos necesitados).

Manuel Moreno

Profesor del Departamento de Física e Ingeniería Nuclear de la Universidad Politécnica de Cataluña. Se doctoró en ciencias físicas por la Universidad de Barcelona. Ha sido subdirector de planes de estudios de la Escuela Universitaria Politécnica de Vilanova i la Geltrú, centro al cual se halla adscrito actualmente. Desarrolla su actividad investigadora en el campo de la astronomía, en concreto en aspectos de la cinemática estelar y la estructura de la Galaxia. Ha participado en la misión del satélite Hipparcos de la Agencia Espacial Europea. Está integrado en el grupo Sistemas de Adquisición Remota y Tratamiento de la Información (SARTI), unidad asociada UPC-CSIC. Es miembro numerario de la Sociedad Española de Astronomía y de la Societat Catalana de Física, así como del seminario Tecnociencia, literatura y arte del Instituto de Tecnoética (Centro de estudios sobre Tecnología y Humanismo, Fundación Epson). Es autor de más de 60 trabajos de investigación publicados en diferentes revistas especializadas y actas de congresos.

 

 

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“Ciencia en foco, Tecnología en foco” es un concurso para que fotógrafos, profesionales o aficionados, e investigadores se animen a brindar una mirada propia sobre las innovaciones científicas y tecnológicas desarrolladas en Argentina

Sobre la convocatoria

El concurso tiene como objetivo fomentar en el público en general el interés por el desarrollo de la ciencia y la tecnología, ya sea como espectadores o fotógrafos aficionados; promover la riqueza visual de la ciencia para los fotógrafos profesionales e invitar a la comunidad académica, científica y a las empresas de base tecnológica que registren de forma artística buena parte de su universo de trabajo.

Pueden participar de la convocatoria todos aquellos fotógrafos profesionales, estudiantes y aficionados, investigadores, empresas, instituciones del sistema científico tecnológico nacional, comunidad académica, organizaciones sin fines de lucro y público general mayores de 18 años. Las imágenes seleccionadas formarán parte de una muestra a realizarse durante en 2017.

Por cada categoría se entregarán dos distinciones de $15.000 cada una y dos menciones especiales. Además, por el Premio Especial FOTOMANO otorgado por la Fundación Argentina de Nanotecnología se entregarán dos distinciones de 10.000 cada una y dos menciones especiales. Una vez finalizada la votación del jurado se abrirá la votación al público a través de la cual se otorgará una mención honorífica para la fotografía elegida.

Conocé las bases y condiciones ingresando al sitio web


Cómo participar

Cada participante podrá presentar hasta un máximo de 5 obras y en caso de tratarse de una serie, esta no debe exceder las 3 fotografías por serie y máximo dos series. El material debe estar acompañadas por el título, detalles técnicos y una sinopsis descriptiva. 

Las imágenes deben presentarse a través del sitio web del concurso ingresando acá // Plazo: La convocatoria permanecerá abierta hasta el 10 de marzo de 2017

15556492_10155038751483643_1283113100_oLa Secretaría de Ciencia y Tecnología participo el 12 de diciembre de una nueva reunión de la mesa del Consejo Regional de Ciencia y Tecnología del NOA- CReCyT.

Este Consejo tiene la finalidad de concretar acciones que impulsen la región NOA en materia científico-tecnológica y de innovación.

La reunión se realizó en el Nodo Tecnológico de Santiago del Estero y participaron los Secretarios de Ciencias de las provincias de Santiago del Estero, Juan Carlos Costas; de  Catamarca, Iván González; de Jujuy, Miriam Serrano y de Salta María Soledad Vicente. Se acordaron acciones conjuntas para el año 2017 y se analizaron las problemáticas comunes en cuanto a la producción agroindustrial de la región para desde allí impulsar proyectos para el desarrollo científico y tecnológico.

Entre los temas destacados se analizó la propuesta de optimización de la producción de biogás; el manejo responsable de envases de productos fitosanitarios y el potencial desarrollo de la Bioeconomia.  Se acordaron diseñar proyectos federales específicos orientados a implementar la transferencia de tecnología para mejorar la producción y la comercialización de los productos  de la región.

El Ministerio de Educación y Deportes de la Nación, realizara en la Casa Rosada la Muestra de Trabajos Seleccionados de la Edición 2016 de la Feria Nacional de Educación, Artes, Ciencias y Tecnología. La misma está prevista para el 20 de diciembre y contará con la presencia del Presidente de la Nación, Ing. Mauricio Macri y del Ministro de Educación y Deportes de la Nación, Lic. Esteban Bullrich y durante el mismo se hará entrega del  Premio “Investigador de la Nación”.

Participara de este importante acto el proyecto escolar de ciencias “Aliment-Sec 86” de La Quiaca. Será expuesto como ejemplo del esfuerzo y logro académico de la comunidad educativa y se reconoce el excelente trabajo realizado por el docente Luis Fernando Sosa y los estudiantes Daiana Aylen Herrera Alexis Ivan Chorolque.

La Secretaría de Ciencia y Tecnología felicita a la comunidad educativa de la Escuela N° 86 Hipólito Yrigoyen por la excelente labor realizada durante el presente año lectivo y los alienta a continuar trabajando conjuntamente en pos de una educación jujeña inclusiva y de calidad.

 

 

Alguna vez se preguntaron ¿qué es el Trópico de Capricornio? ¿cuál es su importancia? ¿la línea imaginaria pasa por el monolito que está en la entrada del pueblo de Huacalera? ¿Siempre estuvo en el mismo lugar?

El día 21 de diciembre a hs. 19.00 en el salón de la Escuela nº 31 “Coronel Eduardo Arias” de Huacalera- Dpto. de Tilcara, los alumnos de 5to. 6to. y 7mo. año presentarán el proyecto “Aprender haciendo: el día que movimos el Trópico de Capricornio”

La presentación se realizará ese día ya que en Huacalera tendrán el “día sin sombra”, el cual sucede una vez al año, cada solsticio de verano, debido a que por el pueblo pasa la línea imaginaria del Trópico de Capricornio.

Acompañaran la jornada los asesores y el Grupo Choiols  “Astronomía al ras del suelo” de la Universidad de La Plata.

Antony Evans

Antony Evans

CEO y cofundador de Glowing Plant

Cuenta la mitología budista que un día, alrededor del siglo V antes de nuestra era, Sidarta Gautama se sentó bajo una higuera una noche de luna llena y prometió no levantarse hasta alcanzar el Nirvana. Permaneció en la misma postura durante 49 días con sus noches. Cuando abrió los ojos se había convertido en un iluminado (un buda) y estaba tan agradecido a aquel “ficus religiosa” por haberle dado cobijo que permaneció una semana entera mirando sus ramas en señal de respeto y admiración. En el caso del Buda la luz llegó de su interior -una iluminación metafórica- pero Antony Evans, fundador de Glowing Plants, quiere que esa luz tenga una dimensión física y que provenga de las plantas.

La idea de conseguir que algunas especies vegetales brillen en la oscuridad no es nueva. En los años 80 ya se consiguió al introducir encimas luciferinas provenientes de luciérnagas en algunas plantas. Los resultados, aunque llamativos, fueron modestos: había que fotografiar a la planta con una exposición de ocho horas para apreciar una tenue luminiscencia. Más adelante, en 2010, investigadores de la universidad Stony Brook modificaron genéticamente una planta de tabaco al transplantarle algunos genes de una bacteria marina productora de luciferina. Lo novedoso en el proyecto que lidera Evans es que diseñan las secuencias de ADN en un ordenador con un software especial, y después lo imprimen para inyectarlo con una pistola de genes.

Cualquiera puede conseguir una de estas semillas milagrosas a través de la web de Glowing Plants y hacer crecer una planta luminosa en casa. Incluso, si se atreve, probar sus propios experimentos, puesto que el ADN creado es de código abierto y, por lo tanto, modificable. Antony Evans y sus socios insisten en que su proyecto es la solución a un mundo que consume recursos de forma enloquecida, lo que llevará a quebrar los límites del planeta. La propia Naturaleza, afirman, tiene la respuesta a través de la bioluminiscencia, puesto que es una energía limpia, renovable y sostenible. “Estamos, afirma Evans, entrando en una era en la que diseñar un organismo biológico será tan fácil como diseñar una aplicación móvil” por eso confía en que sus plantas podrán, en pocos años, servir para eliminar las farolas en las ciudades y sustituirlas por árboles luminosos.

Texto: José L. Álvarez Cedena

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Assaf Biderman

Assaf Biderman
Director del ‘Senseable Cities Lab’ del MIT

Elliot y sus amigos escapando de la policía en bicicletas voladoras para proteger a un adorable extraterrestre. Esta imagen ochentera salida de la fértil imaginación de Steven Spielberg es seguramente el mayor (y único) momento de gloria que haya tenido la bici en la ciencia ficción. Merecería más este popular medio de transporte inventado en el siglo XIX y que, con muy ligeras variaciones, continúa ocupando un puesto de privilegio en los deseos de la mayoría de niños del Planeta. A la edad en que casi todo el mundo deja de pedalear y se convierte en aspirante a homo motorizado, Assaf Biderman comenzó a pensar en cómo hacer de la bicicleta un transporte igual de divertido, pero mucho más sencillo, eficiente y útil. El resultado fue una empresa que bautizó como Superpedestrian.

La compañía reunió un equipo de diseñadores e ingenieros robóticos con una misión: transformar el concepto de movilidad urbana. A nadie se le escapa que las actuales ciudades son una pesadilla de embotellamientos de tráfico y contaminación. Para resolverlo la primera idea de este grupo de visionarios ciclistas fue la Copenhagen Wheel, nombrada así en honor a la ciudad danesa (cuyo ayuntamiento financió el proyecto). Surgida en el laboratorio de ‘Senseable Cities’ del MIT, se trata de una rueda trasera que puede adaptarse a cualquier bicicleta convirtiéndola en un vehículo eléctrico inteligente que, además, se recarga aprovechando la energía de la pedalada. Lo que la diferencia de otros transportes similares es que la Copenhagen Wheel solo utiliza el motor cuando sus sensores detectan, a través del esfuerzo que está haciendo el ciclista, que es necesario. La novedad más llamativa del invento de Biderman, además de la sofisticación de sus sistemas de ingeniería, es que puede ser sincronizada y controlada desde una aplicación en el smartphone. Permite guardar datos de las rutas recorridas, frecuencia de la pedalada o ritmo cardíaco y compartirlo con otros usuarios a través de redes sociales, de forma que la experiencia se va haciendo cada vez más útil e interesante.

Assaf Biderman quiere cambiar la movilidad en nuestras ciudades a través de lo que él llama la revolución de las bicicletas. Y, por el bien de todos, ojalá lo consiga.

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Fuente de la noticia: www.one.elpais.com

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La Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCYT), a través del Fondo Argentino Sectorial (FONARSEC), convoca a la presentación de propuestas orientadas a la creación de nuevas Empresas de Base Tecnológica, con el objetivo de promover la creación de nuevas empresas de base tecnológica (EBT) que generen el crecimiento sostenido a través de la diversificación de las exportaciones y el aumento del valor agregado de la producción. Para ello, se financiará parcialmente el desarrollo de empresas basadas en la aplicación de conocimiento en los distintos sectores productivos.

Podrán ser beneficiarios la Instituciones públicas y/o privadas dedicadas a actividades de desarrollo científico-tecnológico y de innovación y Empresas Nacionales productoras de bienes y servicios, ligados con un emprendedor o grupo emprendedor bajo un régimen de Convenio Asociativo Público/Público o Público/Privado o Privado/Privado (CAPP).

La fecha límite de presentación de los proyectos on-line y en soporte papel será el día 6 de febrero de 2017 a las 12:00 Hs.

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